Apocalipsis Now

Los amantes del cine distópico y apocalíptico encontramos en el Capitalismo una decepción permanente.
Año tras año, crisis tras crisis, afrontamos la dura realidad de seguir con nuestras vidas, nuestras pobres tristes vidas de simples ciervos consumidores, súbditos de un sistema tan entreverado y pragmático que no sabemos hasta que punto finalmente ha echado raíces en nuestras sociedades el gobierno de las corporaciones, los banqueros, las logias masónicas o sionistas y por que no hasta reptilianas.
Y es que cisne negro va, cisne negro viene, pandemia va, pandemia viene, el mundo no se acaba, ni deja de girar por un instante, y todo sigue como esta. Guerras por aquí, guerras por allá, desnutrición por aquí, famosos paseando en yate por allá.Claro que bastante distópica debe ser la vida en los centros de detención Israelíes, donde niños palestinos son torturados para que señalen a sus compañeritos de apedreadas sin que a nadie se le mueva un pelo. Y bastante apocalíptica debe ser la imagen de niños cargando ametralladoras en los pueblos arrasados, humeantes y masacrados del cuerno africano. Pero como nosotres somos occidentales y cristianos, buenos hijos e hijas del cine de Hollybood y los premios Oscar, nuestra sed de pestes que transformen a los humanos en muertos vivientes y canibales, o las apretadas de botón que arrojen al mundo civilizado a la anarquía mas virulenta y descarnada en la pelea por la supervivencia son permanentemente defraudadas. Y es que la pantalla grande y la pantalla chica nos ah preparado para todo, menos para la normalidad. Sabemos que hacer en caso de que zombis harapientos inunden nuestras ciudades, estamos a tiro de ideas si alguien decide finalmente bajar la tecla de la luz, tenemos alguna que otra sugerencia si una guerra bacteriológica se desatara sobre nuestro barrio, pero no tenemos la mas mínima idea de que hacer si es que todo sigue como esta, en esta pesadilla de normalidad permanente, donde el machismo, la xenofobia, el hambre y la injusticia arrastra millones de vidas todos los días, cada minuto, como una gigantesca red en el mar recoge peces.
Den nos al menos, la oportunidad de asaltar una armería con todas las de la ley, o intentar, recordando viejas historias comunales alrededor de un fueguito en los escombros de una metropoli en ruinas, re hacer esta sociedad que ustedes, con nuestro cómplice silencio y beneplácito a doce cuotas sin interés, hicimos mierda.

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