La Dictadura del Barbijo

Allá por el comienzo de siglo la enfermedad de las vacas locas amenazaba matarnos a todos.
Cinco años después, la gripe aviar nos arrojaba a una muerte casi segura. Arrancando la primera década del dos mil, la gripe A definitivamente nos iba a matar a todos.

Por lo visto, alguien pifió en el diagnostico, pues muertos mas, muertos menos, las terribles pandemias que desolarían la faz de la tierra pasaron, el mundo siguió girando, la bolsa subiendo y bajando según el antojo de banqueros y otros terroristas, y los titulares de los diarios dieron lugar a las crónicas policiales de siempre.

Diez años después, el coronavirus va a matarnos a todos. Como en un cuento de Alan Poe, unos murciélagos ponzoñosos de un Mercado Popular con cuestionables normas higiénicas en China habría desatado el apocalipsis. Los barbijos inundan el mundo a la velocidad de la fibra óptica, los informes, especialistas,, coronavirologos y otros gurúes desfilan por las pantallas y la frecuencia modulada. Por wasap se dan consejos como que la orina de niños y niñas proteje del virus asesino, que hay que rociarse con cloro y alcohol de quemar, mirar el sol de frente ocho minutos al día y cosas por el estilo. Los mas ingeniosos proclaman que tomando Manaos de uva cualquiera esta cubierto contra pandemias, vampiros o extraterrestres y que si sobrevivimos a cuatro años de macrismo la crisis sanitaria es coser y cantar.

Ciertamente las cifras de muertes por la peste asiática son asombrosas, aunque pauperrimas si se las compara con la cantidad de niños, niñas y adolescentes muertos por hambre, vejaciones o enfermedades fácilmente curables en Haití o cualquier país subsahariano, inexistente si se las pone junto a las estadísticas de mortalidad infantil producida por el hambre o las guerras desatadas en nombre de la democracia o alguna otra mentira.

Cabe preguntarse si no habrá, en todo esto, un poquito de manipulación por parte de quienes recomiendan poner al mundo en cuarentena, no despegarse de la pantalla y no saludarse con un beso o frecuentar lugares de amontonamiento humano como es el transporte público, lo cual para cualquier laburante, es como mínimo un chiste de mal gusto. ¿Cuan redituable es, la política del miedo y el fantasma permanente, a aquellas almas que buscan resetear un sistema que enciende luces rojas por todo el tablero? Uno podría preguntarse también, si no estaremos tirando mucho de una cuerda en cuyo extremo encontraremos un mundo carente de agua potable y aire limpio. Hasta donde el Capitalismo seguirá jugando a transformar la naturaleza a costa de experimentaciones científicas que son la representación viva de la caja de Pandora.

Que leche los Chinos. En el medio de una crisis financiera global en ciernes y una guerra comercial encarnizada donde dos Imperios se disputan una silla en la mesa del poder real, un virus mortal que amenaza con destruir el mundo como lo conocemos lo parte al medio como un queso y pone a su pueblo (y su capacidad productiva) en cuarentena, al tiempo que señaliza con neon a cualquier conciudadano suyo de ser un arma biológica caminando y tosiendo sus germenes. ¿Que el coronavirus es un invento norteamericano en su guerra geopolíticamente con China? Yo no dije eso, eso es lo que usted esta pensando que yo estoy queriendo decir. Yo solo digo, che que leche los Chinos.

De momento, puede que la costumbre de compartir el mate, que el Papa sea argentino o el mismisimo peronismo nos ponga a salvo de esa nube bacteriológica que aterroriza a la CNN y a la BBC.

O quizás tenemos asuntos mas importantes que nos aquejan, como que entre el hambre, los femicidios y el gatillo fácil ya murieron en un verano mas personas que por el coronavirus en todo Europa. O el dengue que en el hermano pueblo de Paraguay esta haciendo estragos y es una seria preocupación para Latinoamerica. O que nuestro sistema de salud pública hace agua por todos lados, y lo que es peor, es el mejor del Continente… a excepcion de Cuba, claro.

Pero como aunque creamos que si, no somos el centro del universo, es mejor que nos preocupemos de como modificar un sistema que sin reparar en los costos avanza hacia un paradigma donde la mucha gente, la mucha desigualdad, y la mucha irresponsabilidad en el derroche de bienes indispensables para la vida, nos dibuja un tablero muy fragil en el que un estornudo demasiado fuerte o un cortocircuito en el enchufe de la globalizacion, nos puede dejar a todes culo para el norte.

En eso se nos va el presente, y con él el futuro.

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