APUNTES DE OTRO 24 DE MARZO

Año tras año, como una herencia generacional i-nes-qui-vable, nos hacemos carne con el recuerdo y la memoria de la noche mas larga de nuestra historia, esa donde pareciera concentrarse todo el mal existente en oscuros personajes de fajina, anteojos rayban y falcon verdes.

La Argentina tuvo su propia noche del terror tomando lo peor de las masacres universales y dando luego escuela en los métodos de tortura y terrorismo de estado en Centroamérica y otras partes del globo.

Pero estos monstruos lejos están de haber desaparecido cuando encendimos la luz y logramos sentar a varios de ellos en el banquillo de la historia. Sino que rondan vivitos y coleando, actuando sin detenerse ni por un momento. Y lo hacen desde altos despachos de ventanales vidriados donde se definen la suerte y destino de millones de personas. Lo hacen desde los pasillos de columnas de mármol lustrosas de juzgados y tribunales. Lo hacen desde los pomposos estudios de televisión que venden alfombras voladoras y estereotipos de belleza sin cerebro. Lo hacen desde sus lujosas conferencias de saco y corbata, champagna y canapés.

Y es que les enemigues estan, siguen estando, entre nosotres.

Son el empresariado exitoso que paga sueldos en negro y flexibiliza las condiciones de seguridad laboral, exigiendo esfuerzo y rentabilidad desde sus yates paradisiacos a trabajadores y trabajadoras que doblan el lomo el tiempo que no pasan durmiendo, para tener un techo sobre sus cabezas y comida sin nutrientes en el estomago.

Son los dueños de la vida y la libertad, desde sus sueldos astronómicos y sus cargos vitalicios como en la edad media. Jueces, abogados y fiscales que como buitres de cuello alto condenan al pobrerío que arrebata una cartera a terminar de pauperizarse en un agujero lleno de violencia e inmundicias mientras cenan en jardines coloridos y pasean en avión con los verdaderos delincuentes, ladrones de la dignidad y el futuro.

Son los perros que nunca miran el cielo, siempre dispuestos a regentear el negocio de la falopa barata y la pasta base que arrasa generaciones enteras desde hace 30 años. Que encubren el secuestro de pibas que vivirán el peor de los infiernos. Que fusilan pibes por la espalda.

Son la crema y nata de la sociedad. Dueños de los medios de comunicación que hablando parecido a la verdad envenenan y estupidizan mentes y corazones. Hagan la prueba, deténganse 15 minutos 4 o cinco veces a lo largo del dia a ver el contenido que irradia la pantalla televisiva en cualquiera de los canales de aire, que siguen, aunque les cueste creerlo, siendo los mas vistos. Hagan un paseo por el dial de la radio con la misma frecuencia. Ojeen la tapa de los diarias en el puesto de la esquina. El resultado es aterrador.
Mentiras, odio clasista y contenido basura a granel. Es una guerra.

Es una guerra por nuestros corazones y nuestras cabezas. Y es que la guerra cambio de estadio. El plan Cóndor y su terrorismo de Estado en América Latina fueron las bases donde consolidar el advenimiento del nuevo orden. Detrás de la milicada, los banqueros y empresarios se acomodaron la corbata. Tras de ellos vinieron les periodistas y jueces entrenados para una guerra de baja intensidad permanente, contra un pueblo que se había extenuado de la violencia, y había perdido a su mejor generación en el camino. Llegó el fin de la historia, los grandes relatos y la épica. Y esa perrada que hablaba de valores nacionales y cristianos, cumplió el cometido de sus verdaderos patrones: los fariseos de la banca internacional y la Coca Cola.


Pero como la historia no se acaba mientras la rueda siga girando, estará en cada corazón inquieto volver a poner la épica en el lugar que le corresponde, el de transformarlo todo, sin confundir al enemigo, y poniendo la otra mejilla, únicamente para el beso.   No sea cobarde. Luche como una abuela.

Colectivo Editorial ZondeTrope

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